Informe económico mensual realizado por el área de Economía de PwC Argentina.

Economic GPS

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Ley de Modernización Laboral: implicancias fiscales para 2026.

La Ley de Modernización Laboral introduce cambios estructurales en el mercado de trabajo argentino y genera un conjunto de impactos fiscales que vale la pena dimensionar con precisión. Este reporte cuantifica el costo fiscal de sus principales componentes, los pone en perspectiva junto a otras presiones de gasto vigentes, y evalúa si el Gobierno cuenta con margen suficiente para sostener su objetivo de superávit primario de 1,5% del PIB en 2026.

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Industry Roadmap

M&A Argentina: cierre 2025 y hoja de ruta 2026.

El mercado argentino de fusiones y adquisiciones terminó 2025 con un salto de calidad debido a que se combinó una mejora en el volumen anual con una mayor profundidad en los tickets, configurando un cierre de año que sienta bases más sólidas para el ciclo siguiente. 

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Customs & FX

Disminución de gastos operativos en el comercio exterior: garantías, costos y desafíos en operaciones temporales.

El Código Aduanero Argentino regula el Régimen de Importación Temporaria, estableciendo que se trata de una destinación suspensiva mediante la cual la mercadería importada puede permanecer en el territorio aduanero con una finalidad determinada y por un plazo específico, quedando sujeta a la obligación de ser reexportada para consumo antes del vencimiento del plazo otorgado.     

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Focus sectorial

Minería.

La minería es uno de los sectores con mayor proyección estratégica de la economía argentina. El país concentra reservas de primer nivel en minerales cuya demanda global crece de forma sostenida, impulsada por la transición energética, la expansión industrial y el auge de la economía digital. En ese contexto, el sector ha ganado peso de forma consistente en la estructura productiva del país y atrae un interés geopolítico creciente de las principales potencias mundiales.

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Economista Jefe de PwC Argentina
José María Segura

Economista Jefe de PwC Argentina

Editorial

Una economía en mejor forma para absorber el shock externo

El conflicto bélico introdujo un nuevo factor de incertidumbre en la economía global. Más allá de las tensiones geopolíticas, su efecto más inmediato es el alza en el precio del petróleo, que activa una cadena de consecuencias conocida: presión sobre los precios relativos y la inflación a nivel mundial, fly-to-quality y fortalecimiento del dólar y endurecimiento de las condiciones financieras internacionales. Las tasas de corto plazo del Tesoro norteamericano ya registraron un movimiento al alza, y el ciclo de baja de tasas de la Reserva Federal, que hasta hace poco se esperaba que continuara, enfrenta ahora una pausa que el mercado descuenta como probable.

Para la mayoría de las economías emergentes, este escenario activa tres canales de impacto simultáneos: el comercial, por el encarecimiento de la energía importada y la contracción del comercio global; el financiero, por el aumento del costo del crédito externo y la mayor aversión al riesgo; y el inflacionario, por la traslación de precios de commodities energéticos a costos domésticos. Para la mayoría, el diagnóstico es adverso. Para Argentina, el análisis arroja un balance más matizado.

A diferencia de la mayoría de las economías de la región, Argentina llega a este episodio como exportadora neta de energía, condición consolidada en los últimos años a partir del desarrollo de Vaca Muerta. Esa característica estructural invierte parte de la lógica del shock, donde el alza del petróleo no representa aquí un costo adicional sino un ingreso extra por exportaciones. Más aún, un escenario de precios elevados sostenidos en el tiempo tiende a atraer inversión directa al sector, lo que representa en sí mismo un canal de ingreso de divisas y sienta las bases para una mayor capacidad exportadora en el mediano plazo. La evidencia de las últimas semanas es consistente con esa lectura. A pesar de la turbulencia externa, el impacto sobre la economía local ha sido, por el momento, acotado. El Banco Central continúa comprando reservas, el tipo de cambio se mantiene estable y las tasas de interés siguen en descenso.

A ese conjunto exportador se suma, con creciente peso, el sector minero. La minería viene consolidando su lugar como uno de los motores de generación de divisas y de inversión de largo plazo en el país, con proyectos que traccionan actividad en economías regionales y refuerzan la posición exportadora neta de Argentina.

En esta edición del Economic GPS lanzamos una nueva sección dedicada a los sectores de la economía real. La minería es la primera en ser analizada, un reflejo de su relevancia en el nuevo mapa productivo del país.

Esta ventaja reciente, sin embargo, no debe leerse como inmunidad. Dos frentes merecen seguimiento. El primero es el inflacionario. Mientras la estabilidad del tipo de cambio opera como ancla sobre las expectativas y el precio relativo de los bienes transables -contribuyendo al proceso de desinflación en curso-, el alza del petróleo presiona en sentido contrario a través de los costos logísticos, cuyo impacto podría trasladarse con rezago a precios finales. Si bien, como ya lo mencionamos en numerosas oportunidades, un cambio de precios relativos no necesariamente se traduce a inflación -en la medida en que no se convalide mediante expansión monetaria- en el corto plazo puede tener incidencia en el IPC y ser interpretado por los agentes económicos como tal. El balance, por ahora, parecería favorable: el IPC de alimentos de marzo habría registrado una desaceleración marcada respecto de enero y febrero, lo que permitiría que el índice general de ese mes se ubique por debajo de los registros de los dos primeros meses del año.

El segundo frente es financiero: el conflicto elevó el riesgo país y complicó las expectativas de reducción de tasas de interés a nivel global. El acceso a los mercados internacionales de crédito sigue siendo el último escollo para normalizar la demanda de dólares por parte del sector público y estabilizar el proceso de acumulación de reservas.

En ese frente, el fallo de la Corte de Apelaciones del Segundo Circuito de Nueva York del 27 de marzo, que revocó la condena que obligaba a la Argentina a pagar cerca de US$ 18.000 millones por la expropiación de YPF en 2012, despeja una contingencia fiscal cuya persistencia era difícilmente compatible con cualquier programa de estabilización creíble. La reacción de los mercados fue positiva, aunque acotada, en parte limitada por el contexto global de tasas altas y petróleo caro, lo que sugiere que el fallo reduce un riesgo estructural de primer orden, pero no redefine por sí solo el perfil financiero del país. Su efecto más relevante puede ser de naturaleza cualitativa, mejorando la previsibilidad jurídica para sectores intensivos en capital, precisamente aquellos donde los horizontes de inversión son largos y el riesgo legal incide de manera determinante en las decisiones de asignación. Para YPF en particular, la resolución facilita el financiamiento de proyectos estratégicos y consolida su rol como plataforma de inversión privada.

Frente a ese mapa de riesgos, las decisiones recientes de política económica ofrecen respuestas concretas. En el frente financiero, el gobierno apostó a la colocación local de deuda en dólares como mecanismo alternativo al mercado internacional, con un resultado elocuente: la demanda superó ampliamente el monto máximo ofrecido, una señal de confianza del mercado doméstico que cobra particular relevancia en el contexto actual. No obstante, el riesgo político persiste y la estrategia encuentra un límite más allá de las colocaciones a corto plazo.

En paralelo, el BCRA habilitó una reducción de encajes al no renovar la resolución que vence el 31 de marzo, mediante la cual había establecido en agosto de 2025 un aumento transitorio del 5%. La medida inyecta liquidez al sistema en un momento en que la actividad requiere financiamiento accesible, y es coherente con la dirección general del modelo de reducir gradualmente la nominalidad, bajar el costo del crédito y ampliar los grados de libertad de la política monetaria.

El contexto internacional encuentra a Argentina en una posición más sólida que en episodios de turbulencia similares del pasado. En shocks anteriores, el país llegaba con vulnerabilidades estructurales que amplificaban el impacto, la dependencia energética, acceso restringido al financiamiento externo y ausencia de anclas macroeconómicas. Hoy, la combinación de una estructura exportadora más robusta, con energía, agro y minería traccionando en simultáneo, una política monetaria y cambiaria ordenada y señales de confianza del mercado local, configura un punto de partida diferente. Esa posición no es automática ni permanente, y requiere la misma disciplina que la construyó. Pero las condiciones para atravesar este episodio con mayor fortaleza relativa están presentes, y eso, en el historial económico argentino, no es un dato menor.

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José María Segura

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